viernes, 22 de marzo de 2013

Discurso del Santo Padre Francisco



al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede


Excelencias,

Señoras y señores:

Agradezco sinceramente a su decano, el Embajador Jean-Claude Michel, las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos, y los acojo con gozo en este intercambio de saludos, simple pero intenso al mismo tiempo, que quiere ser idealmente el abrazo del Papa al mundo. En efecto, por su medio encuentro a sus pueblos, y así puedo en cierto modo llegar a cada uno de sus conciudadanos, con todas sus alegrías, sus dramas, sus esperanzas, sus deseos.

Su numerosa presencia es también un signo de que las relaciones que sus países mantienen con la Santa Sede son beneficiosas, son verdaderamente una ocasión de bien para la humanidad. Efectivamente, esto es precisamente lo que preocupa a la Santa Sede: el bien de todo hombre en esta tierra. Y precisamente con esta idea comienza el Obispo de Roma su ministerio, sabiendo que puede contar con la amistad y el afecto de los Países que representan, y con la certeza de que comparten este propósito. Al mismo tiempo, espero que sea también la ocasión para emprender un camino con los pocos Países que todavía no tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede, algunos de los cuales – se lo agradezco de corazón – han querido estar presentes en la Misa por el inicio de mi ministerio, o enviado mensajes como gesto de cercanía.

Como saben, son varios los motivos por los que elegí mi nombre pensando en Francisco de Asís, una personalidad que es bien conocida más allá de los confines de Italia y de Europa, y también entre quienes no profesan la fe católica. Uno de los primeros es el amor que Francisco tenía por los pobres. ¡Cuántos pobres hay todavía en el mundo! Y ¡cuánto sufrimiento afrontan estas personas! Según el ejemplo de Francisco de Asís, la Iglesia ha tratado siempre de cuidar, proteger en todos los rincones de la Tierra a los que sufren por la indigencia, y creo que en muchos de sus Países pueden constatar la generosa obra de aquellos cristianos que se esfuerzan por ayudar a los enfermos, a los huérfanos, a quienes no tienen hogar y a todos los marginados, y que, de este modo, trabajan para construir una sociedad más humana y más justa.

Pero hay otra pobreza. Es la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente también a los Países considerados más ricos. Es lo que mi Predecesor, el querido y venerado Papa Benedicto XVI, llama la «dictadura del relativismo», que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres. Llego así a una segunda razón de mi nombre. Francisco de Asís nos dice: Esfuércense en construir la paz. Pero no hay verdadera paz sin verdad. No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra.

Uno de los títulos del Obispo de Roma es «Pontífice», es decir, el que construye puentes, con Dios y entre los hombres. Quisiera precisamente que el diálogo entre nosotros ayude a construir puentes entre todos los hombres, de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo. Además, mis propios orígenes me impulsan a trabajar para construir puentes. En efecto, como saben, mi familia es de origen italiano; y por eso está siempre vivo en mí este diálogo entre lugares y culturas distantes entre sí, entre un extremo del mundo y el otro, hoy cada vez más cercanos, interdependientes, necesitados de encontrarse y de crear ámbitos reales de auténtica fraternidad.

En esta tarea es fundamental también el papel de la religión. En efecto, no se pueden construir puentes entre los hombres olvidándose de Dios. Pero también es cierto lo contrario: no se pueden vivir auténticas relaciones con Dios ignorando a los demás. Por eso, es importante intensificar el diálogo entre las distintas religiones, creo que en primer lugar con el Islam, y he apreciado mucho la presencia, durante la Misa de inicio de mi ministerio, de tantas autoridades civiles y religiosas del mundo islámico. Y también es importante intensificar la relación con los no creyentes, para que nunca prevalezcan las diferencias que separan y laceran, sino que, no obstante la diversidad, predomine el deseo de construir lazos verdaderos de amistad entre todos los pueblos.

La lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes. Son como los puntos de referencia de un camino al cual quisiera invitar a participar a cada uno de los Países que representan. Pero, si no aprendemos a amar cada vez más a nuestra Tierra, es un camino difícil. También en este punto me ayuda pensar en el nombre de Francisco, que enseña un profundo respeto por toda la creación, la salvaguardia de nuestro medio ambiente, que demasiadas veces no lo usamos para el bien, sino que lo explotamos ávidamente, perjudicándonos unos a otros.

Queridos Embajadores, Señoras y Señores, gracias de nuevo por todo el trabajo que desarrollan, junto con la Secretaría de Estado, para edificar la paz y construir puentes de amistad y hermandad. Por su medio, quisiera reiterar mi agradecimiento a sus Gobiernos por su participación en las celebraciones con motivo de mi elección, con la esperanza de un trabajo común fructífero. Que el Señor Todopoderoso colme de sus dones a cada uno de ustedes, a sus familias y a los Pueblos que representan. Muchas gracias.

Ecclesia, 22-3-13

lunes, 18 de marzo de 2013

El Escudo Papal





El Escudo

En los trazos esenciales el Papa Francisco decidió conservar el mismo emblema que mantuvo desde su consagración episcopal, particularmente caracterizado por la sencillez.

El escudo azul aparece coronado por los símbolos de la dignidad pontificia iguales a aquellos elegidos por su predecesor Benedicto XVI, a saber: la mitra colocada al centro y en alto con las llaves entrecruzadas, una representada con el color del oro y la otra con el de la plata, unidas (en la parte baja de la imagen) por un lazo rojo. En alto, aparece el emblema de la orden religiosa de proveniencia del Papa, la Compañía de Jesús: un sol radiante con, al centro y letras rojas, la inscripción IHS, el monograma de Cristo. Sobre la letra H se apoya la cruz, en punta, con los tres clavos en negro colocados a la base.

En la parte inferior se percibe la estrella y la flor de nardo. La estrella, siguiendo la antigua tradición heráldica, simboliza a la Santísima Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia; mientras la flor de nardo evoca la figura de San José, el patrono de la Iglesia universal. En efecto, en la tradición iconográfica hispánica San José aparece representado con un ramo de flor de nardo en la mano. Al colocar en su escudo estas imágenes, el Papa ha querido expresar su propia y particular devoción hacia la Virgen Santísima y San José.

El Lema

El lema del Santo Padre Francisco está tomado de las Homilías de San Beda el Venerable sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de San Mateo, escribe “Vidit ergo lesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me“, que evoca el siguiente pasaje: «Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano, y lo vio con misericordia y eligiéndolo, (miserando atque eligendo), y le dijo Sígueme, “Sígueme”, que quiere decir: “Imítame”. Le dijo “Sígueme”, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él y anduvo».

La homilía de San Beda el Venerable, presbítero es un homenaje a la misericordia divina y aparece reproducida en la Liturgia de las Horas en la fiesta de San Mateo que además reviste un significado particular en la vida y en el itinerario espiritual del Papa. En la fiesta de San Mateo del año 1953, el joven Jorge Mario Bergoglio experimentó –a la edad de 17 años- en un modo del todo particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. Después y tras una confesión, se sintió tocado en el corazón y advirtió que sobre sí mismo descendía la misericordia de Dios, quien con mirada de tierno amor, lo llamaba a la vida religiosa, siguiendo el ejemplo de San Ignacio de Loyola.

Una vez elegido Obispo, S. E. Mons. Bergoglio, en recuerdo de este particular momento de su vida que lo marcó profundamente desde los inicios de su total consagración a Dios en Su Iglesia, decidió elegir, como lema y programa de vida, la expresión de San Beda “miserando atque eligendo” “Lo miró con misericordia y lo eligió”, que ha querido reproducir también el propio escudo pontificio.

Ecclesia, 18-3-13

jueves, 14 de marzo de 2013

Homilía


  



Texto completo de la primera homilía del Papa Francisco

(Santa Misa por la Iglesia con los cardenales en la Capilla Sixtina)

En estas tres Lecturas veo algo en común: el movimiento. En la Primera Lectura el movimiento es el camino; en la segunda Lectura, el movimiento está en la edificación de la Iglesia; en la tercera, en el Evangelio, el movimiento está en la confesión. Caminar, edificar, confesar.

Caminar. Casa de Jacob: “Vengan, caminemos en la luz del Señor”. Esta es la primera cosa que Dios dijo a Abraham : “Camina en mi presencia y sé irreprensible”. Caminar: nuestra vida es un camino. Cuando nos detenemos, la cosa no funciona. Caminar siempre, en presencia al Señor, a la luz del Señor, tratando de vivir con aquel carácter irreprensible que Dios pide a Abraham, en su promesa.

Edificar. Edificar la Iglesia, se habla de piedras: las piedras tienen consistencia; las piedras vivas, piedras ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la esposa de Cristo, sobre aquella piedra angular que el mismo Señor, y con otro movimiento de nuestra vida, edificar.

Tercero, confesar. Podemos caminar todo lo que queramos, podemos edificar tantas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona. Nos convertiríamos en una ONG (Organización No Gubernamental) de piedad, pero no en la Iglesia, esposa del Señor. Cuando no caminamos, nos detenemos. Cuando no se construye sobre la piedra ¿qué cosa sucede? Pasa aquello que sucede a los niños en la playa cuando construyen castillos de arena, todo se desmorona, no tiene consistencia. Cuando no se confesa a Jesucristo, me viene la frase de León Bloy “Quien no reza al Señor, reza al diablo”. Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio.

Caminar, edificar-construir, confesar. Pero la cosa no es así de fácil, porque en el caminar, en el construir, en el confesar a veces hay sacudidas, hay movimiento que no es justamente del camino: es movimiento que nos echa para atrás.

Este Evangelio continua con una situación especial. El mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: “Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo. Yo te sigo, pero no hablemos de Cruz. Esto no cuenta”. “Te sigo con otras posibilidades, sin la Cruz”. Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos un Cristo sin Cruz, no somos Discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor.

Quisiera que todos, luego de estos días de gracia, tengamos el coraje – precisamente el coraje – de caminar en presencia del Señor, con la Cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que ha sido derramada sobre la Cruz; y de confesar la única gloria, Cristo Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante.

Deseo que el Espíritu Santo, la oración de la Virgen, nuestra Madre, conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar Jesucristo. Así sea.

Ecclesia, 14-3-13

El nombre del Papa


Jorge Mario Bergoglio adoptó el nombre de Francisco, como figura en la página oficial del Vaticano, y no Francisco I como se difundió en un principio, aclaró el portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi SJ.

“El pontífice Francisco no lleva el número I ya que no existe un papa Francisco II”, aclaró.

“Si en algún momento hay un papa Francisco II o Francisco III o sucesivamente, entonces pasaría en la historia como Francisco I”, precisó.

El vocero vaticano explicó que “lo mismo ocurrió con el papa Juan Pablo, quien cuando fue sucedido por Juan Pablo II, pasó a ser llamado Juan Pablo I”.

AICA, 14-3-13

martes, 12 de marzo de 2013

Decisiones sobre el libro "Jesús. Aproximación histórica"



 de D. José Antonio Pagola

Aciprensa, Madrid, 8 de marzo de 2013.-

El Señor Obispo de San Sebastián ha recibido una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fechada el pasado 19 de febrero, con la que culmina un intercambio epistolar y verbal de varios años, de él y de su predecesor, con la Congregación, acerca de la obra de D. José Antonio Pagola titulada Jesús. Aproximación histórica. A petición del Señor Obispo, y con el visto bueno de la Congregación, informamos sobre el estado de la cuestión y sobre sus precedentes más notables.



1. Dicha obra, publicada en 2007, suscitó numerosas y cualificadas quejas acerca de su idoneidad como presentación de Jesús acorde con la fe católica. Siguiendo las indicaciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Comisión doctrinal de la Conferencia Episcopal Española, tras un detenido estudio, elaboró una «Nota de clarificación sobre el libro de José Antonio Pagola, Jesús. Aproximación histórica», de fecha de 8 de junio de 2008, publicada con la autorización de la Comisión Permanente. Dicha nota, referida a la primera versión del libro, del que se han difundido decenas de miles de ejemplares, mantiene plenamente su vigencia.

2. El Autor, al habla con su Obispo, redactó una segunda versión de la obra, para la que el Ordinario de San Sebastián anunció, en junio de 2008, que contaba con su imprimatur. No obstante, la Congregación para la Doctrina de la Fe solicitó que la Conferencia Episcopal Española revisara también esta segunda versión. 

A petición del Señor Obispo de San Sebastián, fue finalmente la misma Congregación la que asumió la revisión, con el resultado siguiente: «las modificaciones aportadas por el Autor representan un mejoramiento del texto, que, sin embargo, no son suficientes para resolver los problemas de fondo presentes en el mismo. Tales problemas fueron a su tiempo señalados por la Nota de clarificiación que sobre la primera edición publicó la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Española. Por tanto, no parece oportuno que se conceda el imprimatur a la nueva versión del libro Jesús. Aproximación histórica» (Carta del Prefecto de la Congregación, de 14 de mayo de 2010, al Presidente de la Conferencia Episcopal).

3. La Congregación siguió con el estudio de la obra y en su sesión ordinaria del 19 de octubre de 2011 determinó lo siguiente, comunicado por carta al Presidente de la Conferencia Episcopal por el Cardenal Prefecto: el libro, «aun no conteniendo proposiciones directamente contrarias a la fe, es peligroso a causa de sus omisiones y de su ambigüedad. Su enfoque metodológico ha de considerarse erróneo, por cuanto, separando al llamado "Jesús histórico", del "Cristo de la fe", en su reconstrucción histórica elimina preconcebidamente todo cuanto excede de una presentación de Jesús como "profeta del Reino"». 

La Congregación pedía entonces al nuevo Obispo de San Sebastián propiciar un coloquio con el Autor, junto con expertos de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal, en orden a la revisión de la obra y a presentar una explicación escrita.

4. En la carta del pasado 19 de febrero, arriba mencionada, la Congregación escribe al Obispo de San Sebastián, que el Autor ha respondido satisfactoriamente a las observaciones hechas por la Congregación y que se le debe exhortar a introducirlas en futuras ediciones de la obra, a la que, no obstante, no se le podrá dar el imprimatur.

Misa



 Pro eligendo Pontifice,

Homilía cardenal Sodano

Queridos concelebrantes, distinguidas autoridades, hermanos y hermanas en el Señor:

“Cantaré eternamente las misericordias del Señor” es el canto que una vez mas ha resonado en la tumba del Apóstol Pedro, en esta hora importante de la historia de la Santa Iglesia de Cristo. Son las palabras del salmo 88 que han florecido en nuestros labios para adorar, agradecer y suplicar al Padre que está en los Cielos. “Las misericordias del Señor eternamente cantaré”: es el bello texto en latín que nos ha introducido en la contemplación de Aquel que siempre vigila con amor sobre su Iglesia, sosteniéndola en su camino a través de los siglos y vivificándola con su Santo Espíritu.

También nosotros hoy con tal actitud interior queremos ofrecer con Cristo al Padre que está en los Cielos, agradecerle por la amorosa asistencia que siempre reserva a su Santa Iglesia, y en particular por el luminoso Pontificado que nos ha concedido con la vida y las obras del 265º Sucesor de Pedro, el amado y venerado Pontífice Benedicto XVI, al cual en este momento renovamos toda nuestra gratitud.

Al mismo tiempo queremos implorar del Señor que a través de la solicitud pastoral de los Padres Cardenales, quiera pronto conceder otro Buen Pastor, a su Santa Iglesia. Cierto, nos sostiene en esta hora la fe en la promesa de Cristo sobre el carácter indefectible de su Iglesia. Jesús en efecto dijo a Pedro: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Cfr. Mt 16,18).

Hermanos míos, las lecturas de la Palabra de Dios que recién escuchamos, nos pueden ayudar a comprender mejor la misión que Cristo ha confiado a Pedro y a sus Sucesores.

1. El mensaje del amor

La primera lectura nos ha vuelto a proponer un celebre oráculo mesiánico de la segunda parte del libro de Isaías, aquella parte llamada “el Libro de la consolación” (Isaías 40, 66). Es una profecía dirigida al pueblo de Israel destinado al exilio en Babilonia. Para ellos Dios anuncia el envío de un Mesías lleno de misericordia, un Mesías que podrá decir “El espíritu del Señor Dios está sobre mí… me ha enviado a traer el feliz anuncio a los pobres, para vendar los corazones rotos, a proclamar la libertad a los esclavos, la excarcelación de los prisioneros, a promulgar el año de misericordia del Señor” (Isaías 61, 1-3).

El cumplimiento de tal profecía se ha realizado plenamente en Jesús, venido al mundo para hacer presente el amor del Padre hacia los hombres. Es un amor que se hace particularmente notar en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza, con todas las fragilidades del hombre, sea físicas que morales. Es conocida al respecto la célebre encíclica del Papa Juan Pablo II “Dives in misericordia”, que añadía: “el modo en el cual se manifiesta el amor es a propósito denominado en el lenguaje bíblico ‘misericordia’.” (Ibíd. n. 3).



Esta misión de misericordia ha sido luego confiada por Cristo a los pastores de su Iglesia. Es una misión que compromete a cada sacerdote y obispo, pero compromete aún más al Obispo de Roma, Pastor de la Iglesia universal. A Pedro, en efecto, Jesús dijo: “Simón de Juan ¿me amas tú más que estos? … Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15). Es conocido el comentario de san Agustín a estas palabras de Jesús: “sea por lo tanto tarea del amor apacentar la grey del Señor”; “sit amoris officium pasceré dominucum gregem” (In Iohannis Evangelium,123, 5; PL 35, 1967).

En realidad, es este amor que empuja a los Pastores de la Iglesia a desarrollar su misión de servicio a los hombres de cada tiempo, del servicio caritativo más inmediato hasta el servicio más alto, aquel de ofrecer a los hombres la luz del Evangelio y la fuerza de la gracia.

Así lo ha indicado Benedicto XVI en el Mensaje para la Cuaresma de este año (Cfr. n. 3). Leemos en efecto en tal mensaje: “A veces se tiende en efecto a circunscribir el término ‘caridad’ a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. Es importante, en cambio recordar que la máxima obra de caridad es precisamente la evangelización, o sea el ‘servicio de la Palabra’. No hay una acción más benéfica y por tanto caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la más alta e integral promoción de la persona humana. Como escribe el Siervo de Dios Papa Pablo VI en la Encíclica: Populorum progressio: es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (Cfr. n.16)”.

2. El mensaje de la unidad

La segunda lectura sacada de la Carta a los Efesios, escrita por el Apóstol Pablo propiamente en esta ciudad de Roma durante su primer encarcelamiento (años 62-63 d.C.). Es una carta sublime en la cual Pablo presenta el misterio de Cristo y de la Iglesia. Mientras la primera parte es más doctrinal (cap. 1-3), la segunda, donde se introduce el texto que hemos escuchado, es de tono más pastoral (cap. 4-6). En esta parte Pablo enseña las consecuencias prácticas de la doctrina presentada antes y empieza con una fuerte llamado a la unidad eclesial: “Los exhorto pues yo, el prisionero del Señor, a comportarse de manera digna de la vocación que han recibido, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándose recíprocamente con amor, tratando de conservar la unidad del espíritu a través del vínculo de la paz (Ef 4, 1-3).

S. Pablo explica luego que en la unidad de la Iglesia existe una diversidad de dones, según la multiforme gracia de Cristo, pero esta diversidad está en función de la edificación del único cuerpo de Cristo: “Es él el que ha establecido a algunos como apóstoles, otros como profetas, otros como evangelistas, otros como pastores y maestros, para hacer idóneos a los hermanos para cumplir el ministerio, a fin de edificar el cuerpo de Cristo” (Cfr. 4,11-12).

Es propiamente por la unidad de su Cuerpo Místico que Cristo ha enviado luego su Santo Espíritu y al mismo tiempo ha establecido a sus Apóstoles, entre los cuales Pedro sobresale como el fundamento visible de la unidad de la Iglesia.

En nuestro texto San Pablo nos enseña que también todos nosotros tenemos que colaborar para edificar la unidad de la Iglesia, ya que para realizarla es necesaria “la colaboración de cada articulación, según la energía propia de cada miembro” (Ef 4,16). Todos nosotros, pues, somos llamados a cooperar con el Sucesor de Pedro, fundamento visible de tal unidad eclesial.

3. La misión del Papa

Hermanos y hermanas en el Señor, el Evangelio de hoy nos reconduce a la última cena, cuando el Señor les dijo a sus Apóstoles: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado” (Jn 15,12). El texto también conduce a la primera lectura del profeta a Isaías sobre el actuar del Mesías, para recordarnos que la actitud fundamental de los Pastores de la Iglesia es el amor. Es aquel amor que nos empuja a ofrecer la misma vida por los hermanos. Nos dice, en efecto, Jesús: “nadie tiene un amor más grande que éste: dar la vida por los propios amigos” (Jn 15,12).

La actitud fundamental de cada buen Pastor es pues dar la vida por sus ovejas (Cfr. Jn 10,15). Esto vale sobre todo para el Sucesor de Pedro, Pastor de la Iglesia universal. Porque cuánto más alto y más universal es el oficio pastoral, tanto más grande tiene que ser la caridad del Pastor. Por esto en el corazón de cada Sucesor de Pedro resuenan siempre las palabras que el Divino Maestro dirigió un día al humilde pescador de Galilea: “Diligis me plus his? Pasce agnos meos… pasce oves meas”; ¿me quieres más que éstos? Apacienta mis corderos… ¡apacienta mis ovejas! (Cfr. Jn 21,15-17).

En el surco de este servicio de amor hacia la Iglesia y hacia la humanidad entera, los últimos Pontífices también han sido artífices de muchas iniciativas benéficas hacia los pueblos y la comunidad internacional, promoviendo sin cesar la justicia y la paz. Rogamos para que el futuro Papa pueda continuar esta incesante obra a nivel mundial.

Del resto, este servicio de caridad es parte de la naturaleza íntima de la Iglesia. Lo ha recordado el Papa Benedicto XVI diciéndonos: “también el servicio de la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y es expresión irrenunciable de su misma esencia” (Carta apostólica en forma de Motu proprio Intima Ecclesiae natura, el 11 de noviembre de 2012, proemio; Cfr. Carta Encíclica Deus caritas est, n. 25).

Es una misión de caridad que es propia de la Iglesia, y de modo particular es propia de la Iglesia de Roma, que, según la bella expresión de S. Ignacio de Antioquía, es la Iglesia que “preside en la caridad”; “praesidet caritati” (Cfr. Ad Romanos, praef.; Lumen gentium, n. 13).

Mis hermanos, oremos para que el Señor nos conceda a un Pontífice que desarrolle con corazón generoso tal noble misión. Se lo pedimos por intercesión de María Santísima, Reina de los Apóstoles, y de todos los Mártires y los Santos que en el curso de los siglos han hecho gloriosa esta Iglesia de Roma. ¡Amén!

 Ecclesia, 12-3-13

viernes, 1 de marzo de 2013

Miembros del Colegio de Cardenales





Ciudad del Vaticano, 1 marzo 2013 (VIS).-

Ofrecemos a continuación la lista completa del Colegio de Cardenales, según su respectivo orden y precedencia. Con asterisco los cardenales electores, sin el los no electores.

Los cardenales de la Orden de los Obispos, en origen seis, eran los obispos de las iglesias suburbicarias de Roma. También en nuestros días a los cardenales obispos se les asigna la titularidad de una sede suburbicaria, aunque no sean obispos de la diócesis. A los seis obispos titulares de las otras tantas sedes suburbicarias - excluida Ostia, de la que es obispo el decano del Colegio de Cardenales- Pablo VI añadió en la Orden de los Obispos a los patriarcas de rito oriental que forman parte del colegio cardenalicio y que, en la jerarquía se sitúan inmediatamente tras ellos. A los patriarcas no se les asigna ningún título porque mantienen como título cardenalicio el de su propia sede patriarcal.

Los cardenales de la Orden de los Presbíteros, eran los eclesiásticos que se encargaban de la custodia de las iglesias más antiguas de Roma, denominadas “títulos”. Tradicionalmente asociados con las parroquias de Roma son el orden más numeroso.

Los cardenales de la Orden de los Diáconos se encargaban de la administración de los seis despachos del palacio de Letrán (diáconos palatinos) y de los siete departamentos de Roma y del cuidado de los pobres presentes en ellos (diáconos regionales)

ORDEN DE LOS OBISPOS

SODANO Angelo

ETCHEGARAY Roger

RE Giovanni Battista*

ARINZE Francis

BERTONE Tarcisio*

SARAIVA MARTINS José

Cardenales Patriarcas de Rito Oriental

SFEIR Nasrallah Pierre

DELLY Emmanuel III

NAGUIB Antonios *

RAÏ Béchara Boutros*

ORDEN DE LOS PRESBITEROS

ARNS Paulo Evaristo

BAUM William Wakefield

CÉ Marco

MACHARSKI Franciszek

KITBUNCHU Michael Michai

do NASCIMENTO Alexandre

DANNEELS Godfried*

WILLIAMS Thomas Stafford

MEISNER Joachim*

LOURDUSAMY D. Simon

OBANDO BRAVO Miguel

VIDAL Ricardo J.

GULBINOWICZ Henryk Roman

TOMKO Jozef

POUPARD Paul

WETTER Friedrich

PIOVANELLI Silvano

SIMONIS Adrianus Johannes

LAW Bernard Francis

BIFFI Giacomo

MARTÍNEZ SOMALO Eduardo

SILVESTRINI Achille

FALCÃO José Freire

SANTOS Alexandre José Maria dos

CANESTRI Giovanni

PIMENTA Simon Ignatius

CLANCY Edward Bede

SZOKA Edmund Casimir

PASKAI László

TUMI Christian Wiyghan

CASSIDY Edward Idris

LÓPEZ RODRÍGUEZ Nicolas de Jesús*

ANGELINI Fiorenzo

MAHONY Roger Michael*

RUINI Camillo

KOREC Ján Chryzostom

SCHWERY Henri

VLK Miloslav

FURNO Carlo

DARMAATMADJA Julius Riyadi*

ORTEGA Y ALAMINO Jaime Lucas*

AGUSTONI Gilberto

WAMALA Emmanuel

KEELER William Henry

TURCOTTE Jean-Claude *

CARLES GORDÓ Ricardo María

MAIDA Adam Joseph

PULJI? Vinko *

SANDOVAL ÍÑIGUEZ Juan*

TONINI Ersilio

MEDINA ESTÉVEZ Jorge Arturo

CASTRILLÓN HOYOS Darío

ANTONETTI Lorenzo

STAFFORD James Francis

DE GIORGI Salvatore

ARAÚJO Serafim FERNANDES de

ROUCO VARELA Antonio María*

TETTAMANZI Dionigi*

PENGO Polycarp*

SCHÖNBORN Christoph*

RIVERA CARRERA Norberto*

GEORGE Francis Eugene*

JAWORSKI Marian

PUJATS J?nis

CACCIAVILLAN Agostino

SEBASTIANI Sergio

GROCHOLEWSKI Zenon*

SEPE Crescenzio*

MEJÍA Jorge María

KASPER Walter*

DIAS Ivan *

AGNELO Geraldo Majella*

RUBIANO SÁENZ Pedro

MCCARRICK Theodore Edgar

CONNELL Desmond

BA?KIS Audrys Juozas*

ERRÁZURRIZ OSSA Francisco Javier*

TERRAZAS SANDOVAL Julio*

NAPIER Wilfrid Fox*

RODRÍGUEZ MARADIAGA Óscar Andrés*

AGRÉ Bernard

CIPRIANI Thorne Juan Luis*

ÁLVAREZ MARTÍNEZ Francisco

HUMMES Cláudio*

BERGOGLIO Jorge Mario*

POLICARPO José da Cruz*

POLETTO Severino*

MURPHY-O'CONNOR Cormac

EGAN Edward Michael

HUSAR Lubomyr

LEHMANN Karl*

TUCCI Roberto

SCOLA Angelo*

OKOGIE Anthony Olubunmi *

PANAFIEU Bernard

ZUBEIR Wako Gabriel*

AMIGO VALLEJO Carlos*

RIGALI Justin Francis*

O'BRIEN Keith Michael Patrick*

SCHEID Eusébio Oscar

ANTONELLI Ennio*

TURKSON Peter Kodwo Appiah*

TOPPO Telesphore Placidus*

PELL George *

BOZANI? Josip*

PHAM MINH MÂN Jean-Baptiste *

BARBARIN Philippe*

ERD? Péter*

OUELLET Marc*

VALLINI Agostino*

UROSA SAVINO Jorge Liberato*

ROSALES Gaudencio B.

RICARD Jean-Pierre*

CAÑIZARES LLOVERA Antonio*

CHEONG Jinsuk Nicholas

O'MALLEY Sean Patrick *

DZIWISZ Stanis?aw *

CAFFARRA Carlo

ZEN ZE-KIUN Joseph

BRADY Seán Baptist *

MARTÍNEZ SISTACH Lluís *

VINGT-TROIS André*

BAGNASCO Angelo *

SARR Théodore-Adrien *

GRACIAS Oswald *

ROBLES ORTEGA Francisco*

DiNARDO Daniel N. *

SCHERER Odilo Pedro*

NJUE John *

KARLIC Estanislao Esteban

MAZOMBWE Medardo Joseph

VELA CHIRIBOGA Raúl Eduardo*

MONSENGWO PASINYA Laurent*

ROMEO Paolo*

WUERL Donald William*

ASSIS Raymundo DAMASCENO*

NYCZ Kazimierz *

PATABENDIGE DON Albert Malcolm Ranjith*

MARX Reinhard *

ESTEPA LLAURENS José Manuel

ALENCHERRY George*

COLLINS Thomas Christopher*

DUKA Dominik *

EIJK Willem Jacobus*

BETORI Giuseppe*

DOLAN Timothy Michael *

WOELKI Rainer Maria *

TONG HON John*

MURE?AN Lucian

THOTTUNKAL Baselios Cleemis*

ONAIYEKAN John Olorunfemi*

SALAZAR GÓMEZ Rubén*

TAGLE Luis Antonio*

ORDEN DE LOS DIACONOS

TAURAN Jean-Louis*

MARTINO Renato Raffaele

MARCHISANO Francesco

HERRANZ Julián

LOZANO BARRAGÁN Javier

NICORA Attilio+

COTTIER Georges Marie Martin

NAGY Stanis?aw

LEVADA William Joseph*

RODÉ Franc*

CORDERO LANZA di Montezemolo Andrea

VANHOYE Albert

SANDRI Leonardo*

LAJOLO Giovanni*

CORDES Paul Josef*

COMASTRI Angelo*

RY?KO Stanis?aw*

FARINA Raffaele*

COPPA Giovanni

AMATO Angelo*

SARAH Robert*

MONTERISI Francesco*

BURKE Raymond Leo*

KOCH Kurt*

SARDI Paolo*

PIACENZA Mauro*

DE PAOLIS Velasio*

RAVASI Gianfranco*

SGRECCIA Elio

BRANDMÜLLER Walter

BARTOLUCCI Domenico

FILONI Fernando*

MONTEIRO de CASTRO Manuel*

ABRIL y CASTELLÓ Santos*

VEGLIÒ Antonio Maria*

BERTELLO Giuseppe*

COCCOPALMERIO Francesco*

AVIZ João BRAZ de*

O'BRIEN Edwin Frederick*

CALCAGNO Domenico*

VERSALDI Giuseppe*

GRECH Prosper

BECKER Karl

HARVEY James Michael*