miércoles, 8 de julio de 2009

Motu Proprio "ECCLESIAE UNITATEM"


"La tarea de custodiar la unidad de la Iglesia, con la solicitud de ofrecer a todos la ayuda para responder de forma oportuna a esta vocación de gracia divina corresponde en particular al Sucesor del Apóstol Pedro, que es perpetuo y visible fundamento de la unidad sea de los obispos que de los fieles. La prioridad suprema y fundamental de la Iglesia en todos los tiempos de llevar a los hombres hacia el encuentro con Dios, debe favorecerse mediante el compromiso de alcanzar el testimonio común de fe de todos los cristianos".

"En fidelidad a ese mandato, después del acto con que el arzobispo Marcel Lefebvre, el 30 de junio de 1988, confirió ilícitamente la ordenación episcopal a cuatro sacerdotes, el Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, instituyó el 2 de julio de 1988, la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, con la tarea de colaborar con los obispos, los dicasterios de la Curia Romana y los ambientes interesados, con el objetivo de facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades o simples religiosos y religiosas, ligados hasta entonces, de varias formas a la Fraternidad fundada por Monseñor Lefebvre que deseasen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia Católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas a la luz del Protocolo firmado el 5 de mayo anterior por el Cardenal Ratzinger y Monseñor Lefebvre".

"En la misma línea, adhiriendo fielmente a la misma tarea de servir a la comunión universal de la Iglesia también en su manifestación visible y haciendo todos los esfuerzos posibles para que todos los que sienten realmente el deseo de unidad puedan permanecer en ella o reencontrarla, he ampliado y actualizado con el Motu Proprio "Summorum Pontificum", la indicación general contenida en el Motu Propio "Ecclesia Dei" sobre la posibilidad de utilizar el Missale Romanum de 1962, a través de normas más precisas y detalladas".

"En el mismo espíritu y con el mismo compromiso de favorecer la superación de cualquier fractura y división en la Iglesia y de curar una herida sentida cada vez con más dolor en el tejido eclesial, levanté la excomunión a los cuatro obispos ordenados ilícitamente por Monseñor Lefevbre. Con esa decisión, quise eliminar un impedimento que podía perjudicar la apertura de una puerta al diálogo e invitar así a los obispos y a la Fraternidad San Pío X a reencontrar el camino hacia la plena comunión con la Iglesia. Como expliqué en la Carta a los Obispos católicos del pasado 10 de marzo, el levantamiento de la excomunión fue una medida en el ámbito de la disciplina eclesiástica para liberar a las personas del cargo de conciencia que representaba la censura eclesiástica más grave. Pero las cuestiones doctrinales, obviamente, permanecen y, hasta que no se aclaren, la Fraternidad no tiene un estatuto canónico en la Iglesia y sus ministros no pueden ejercer de forma legítima ningún ministerio".

"Dado que los problemas que se deben abordar ahora con la Fraternidad son de naturaleza esencialmente doctrinal, he decidido, veintiún años después del Motu Proprio "Ecclesia Dei" y de acuerdo con cuanto había pensado hacer, replantear la estructura de la Comisión "Ecclesia Dei", ligándola estrechamente con la Congregación para la Doctrina de la Fe".

"La Pontificia Comisión "Ecclesia Dei" tendrá, por lo tanto, la configuración siguiente: a) el Presidente de la Comisión es el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; b) La Comisión tiene su propio organigrama compuesto por el Secretario y los Oficiales; c) La tarea del Presidente, ayudado por el Secretario, será exponer los casos principales y las cuestiones de carácter doctrinal al estudio y discernimiento de las instancias ordinarias de la Congregación para la Doctrina de la Fe, además de someter los resultados a la disposición superior del Sumo Pontífice".

"Con esta decisión he querido, en particular, demostrar solicitud paterna hacia la Fraternidad San Pío X, con el fin de reencontrar la plena comunión con la Iglesia".

"Pido a todos que recen sin descanso al Señor, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, "ut unum sint".

"Dado en Roma, en San Pedro, el 2 de julio de 2009, quinto año de mi Pontificado"

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